LAS CHINCHES DE LAS CAMA PODRÍAN SER LA PRIMERA PLAGA URBANA POR INSECTOS

14 Septiembre, 2026
Las primeras civilizaciones humanas surgieron hace aproximadamente 10.000 años y crearon condiciones ideales para el establecimiento y propagación de las plagas urbanas.
 
Desde entonces, la población humana ha crecido de alrededor de 5 millones a casi 8.200 millones. Con esta rápida expansión, las áreas urbanas se han desarrollado a un ritmo sin precedentes y ahora alojan a más del 55 % de la población mundial y se espera una mayor expansión de los asentamientos urbanos en las ciudades.
 
Las relaciones entre humanos y plagas probablemente surgieron con estas primeras civilizaciones; sin embargo, para la mayoría de las especies (por ejemplo, la cucaracha alemana y la rata negra, estas relaciones se han constituido relativamente recientemente, en los últimos 5.000 años, lo que plantea la cuestión de si otras podrían haber surgido antes.
 
La chinche de la cama, Cimex lectularius, tiene una larga asociación con los humanos, pues los primeros testimonios de infestaciones se remontan al Egipto faraónico, aproximadamente hace 3.400 años. Ancestralmente, como un parásito de murciélagos, las chinches sufrieron una transición a huésped de homínidos de aproximadamente 245.000 años, lo que creó dos linajes genéticamente distintos: uno asociado con murciélagos y que se encuentra en toda Europa y Oriente Medio, y un linaje asociado a los humanos que ahora se distribuye globalmente.
 
Aunque abundante antes de la Segunda Guerra Mundial, las chinches fueron aparentemente erradicadas de los países modernizados debido a la intensa selección por el uso del insecticida diclorodifenil tricloroetano (DDT). Sin embargo, a los cinco años posteriores a la introducción del DDT, ya se documentaron poblaciones de chinches resistentes. 
 
A finales de los 90, las chinches de cama sufrieron un resurgimiento global, relacionado con un aumento de los viajes nacionales e internacionales y la evolución de mecanismos que confieren resistencia a los insecticidas, de tal manera que ahora representan una plaga de importante preocupación económica y sanitaria.
Estudio genético comparativo de las chinches.
 
Un trabajo publicado en la revista científica Biology Letters comparó los genomas completos de estos insectos y reconstruyó su historia demográfica. La investigación estuvo liderada por el profesor Warren Booth, de la Universidad Politécnica de Virginia (Virginia Tech), que el equipo secuenció el genoma de 19 chinches recogidos en la República Checa.
 
Para ello, se realizó un análisis comparativo del genoma completo de Cimex lectularius en dos linajes genéticamente distintos, uno asociado con murciélagos y el otro con humanos. Los hallazgos del estudio sugieren que, si bien su asociación con los humanos se remonta a cientos de miles de años, hubo un cambio dramático en el tamaño de la población del linaje asociado a los humanos hace aproximadamente 13.000 años. Este patrón no se encuentra en el linaje asociado a los murciélagos.
 
Esta evidencia soporta la teoría de que el linaje asociado a los humanos siguió de cerca la historia demográfica de los humanos y sus movimientos hacia las primeras ciudades. El nuevo análisis de su ADN revela que esa convivencia resultó decisiva para su supervivencia. Sin la expansión humana y las primeras ciudades, la especie ligada a las personas habría continuado su declive hasta probablemente desaparecer. Las primeras urbes concentraron a miles de personas y ofrecieron al chinche un refugio estable y cálido durante todo el año.
 
De ese modo, y aunque puede parecer contradictorio, el ADN de los chinches demuestra que estarían desapareciendo desde hace 5.000 años si no fuera por los humanos y su agrupamiento en núcleos urbanos.
 
Para los autores del estudio, esa coincidencia temporal convierte al chinche de cama en la primera verdadera plaga urbana de insectos, una especie que depende por completo de los seres humanos. Otras plagas domésticas llegaron mucho después, como la cucaracha alemana, que convive con las personas desde hace apenas 2.100 años. La rata negra estableció su relación con los humanos hace unos 5.000 años y el ratón doméstico, hace unos 15.000, aunque este último no depende estrictamente de las personas para sobrevivir.
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